Los
olores nauseabundos de….
No
se ha determinado con precisión el tamaño de la comunidad negra en la Alemania
de la época. Adolf Hitler ha dicho “El
judío constituye sólo el uno por ciento de la población alemana, el negro sólo
el uno por ciento del uno por ciento…”.
ALGUNOS
HISTORIADORES han
ubicado la cifra entre mil y cinco mil almas y otros hablan de veinte mil. A
los efectos de este ensayo, al hablar de comunidad negra en Alemania
incluiremos a los africanos y sus descendientes, afro-alemanes y afro-americanos residentes. A
diferencia de los judíos y de los gitanos, los negros alemanes no conformaban
una comunidad cohesionada que podía -en el imaginario nazi- representar algún
tipo de amenaza colectiva. Eran pocos y estaban esparcidos. La comunidad
afro-alemana, en la medida en que podemos hablar de una, estaba compuesta por
individuos que llevaban vidas particulares. No hubo organizaciones políticas
fundadas por negros, apenas asociaciones afro sociales o culturales. La
participación política de los negros en Alemania se expresó en los movimientos
comunistas o democráticos universales.
LA POLÍTICA NAZI HACIA LOS
NEGROS fue hostil y manipuladora, incluso espantosa,
pero no llegó a alcanzar los niveles de horror a los que fueron sometidas otras
minorías, especialmente los judíos, los gitanos y los homosexuales. A pesar de
la evidente negrofobia en la cosmovisión aria del nazismo, los nazis no
montaron un plan de deportación ni exterminio de los negros en su seno; tampoco
los removieron por completo de la vida social y cultural alemana. Pero sí
adoptaron una política de esterilización colectiva de la raza negra en Alemania
con el objeto de evitar su reproducción: hombres y mujeres de color fueron
sometidos a esterilizaciones forzadas.
Ninguna orden general fue
emitida para arrestar, encarcelar y eliminar a los negros, y algunos de ellos
fueron de hecho enlistados en el ejército para luchar por Alemania mientras que
otros podían enseñar en las escuelas y universidades, aun cuando los judíos y
los disidentes no podían hacerlo. En parte esto obedecía al interés colonial alemán en
África, los negros podían enseñar idiomas africanos entre otros estudios. Los
nazis parcialmente toleraron a cantantes negros y emplearon a varios de ellos
en películas propagandísticas y shows “étnicos”. Al mismo tiempo repudiaron el
jazz como una música judeo-negra degenerada y miraron con desprecio las dotes
deportivas de los negros. Algunos ataques contra los negros fueron publicados
en la prensa alemana y varios afro-alemanes fueron perseguidos. Las leyes
contra los no-arios eran lo suficientemente vagas como para que los negros
quedaran incorporados y era inconcebible que un afro-alemán ocupara un puesto
en el que tuviera subordinados arios.
EL FÜHRER pareció pendular
entre la lástima y el rechazo por esta comunidad, como esta declaración suya
sugiere: “Los negros deben definitivamente ser gente de tercera clase. Su
pueblo es desesperanzado. No los odio. Me apenan estos pobres diablos”.
Algunos historiadores han
postulado que el trato aberrante pero relativamente moderado del Tercer Reich
hacia los negros se basó en la decisión de explotarlos políticamente para marcar
un contraste con las políticas segregacionistas vigentes en los Estados Unidos
y así marcar puntos a su favor en la corte de la opinión pública mundial.
EN 1933 LA CANCILLERÍA
ALEMANA afirmó: “No olvidemos, ahora que las
acusaciones contra Alemania por la cuestión judía están comenzando a aplacarse
un poco, que no podemos permitir que la cuestión de la gente de color provea
nueva substancia a la propaganda enemiga en la lucha contra la nueva Alemania”.
Los negros fueron reclutados para participar en películas con claros fines
políticos: principalmente fueron usados para denigrar a los Estados Unidos y a
la vez para promocionar el colonialismo alemán en el norte de África.
En la década de 1920,
Alemania contaba con una alta población de entretenedores extranjeros,
particularmente afro-americanos. Antes de la llegada de Hitler al poder, muchos
artistas negros hallaron en Alemania el espacio cultural que les era negado en
su propia casa del otro lado del Atlántico. En 1931 se adoptó una ley que
limitaba la contratación en suelo alemán de músicos foráneos, algo que
impactaría severamente en este grupo de artistas afro. Con el advenimiento del
nazismo, paradójicamente, muchos artistas negros obtuvieron empleo como
actores en películas, documentales y shows de entretenimiento. La
representación de los afro en los films nazis era caricaturesca, en parte
orientada a advertir contra la integración de los negros en la sociedad
alemana, y en parte para usarlos como sustitutos de nativos africanos en los
films coloniales. En ciertos casos, prisioneros de guerra negros participaron
como extras en documentales nazis. Descontando estas instancias, los actores
afro-alemanes estaban generalmente bien remunerados en la industria del cine
alemán.
EL JAZZ, género
musical surgido de los pobladores negros de las plantaciones norteamericanas,
fue rechazado como música degenerada propagada por negros y judíos. Ya en 1930
en Turingia, cuando los nazis tomaron la gobernación, prohibieron “las bandas
de jazz y la música de tambores, danzas de negros, canciones de negros, obras
de negros”. En 1932 se prohibió en Alemania la contratación de músicos negros.
Un crítico de música llamó al jazz “el invento de un negro en Chicago”. Para
mediados de la década todos los músicos negros de jazz tenían prohibido tocar
en Alemania, entre otros, LOUIS ARMSTRONG, DUKE ELLINGTON Y COLEMAN
HAWKINGS.
Incluso la cantante clásica MARIAN
ANDERSON no pudo entrar a
Alemania durante su tour europeo de 1935-1936 debido al “color de su piel como
una negra”. En 1938 un diario alemán arengaba: “No tenemos simpatía por idiotas
que quieren trasplantar la música de la jungla a Alemania… La música negra debe
desaparecer”.
GOEBBELS
tildó al jazz como “el arte de lo subhumano”. En los años treinta los
nazis intentaron crear un formato de
jazz ario; el experimento fracasó. En 1941 produjeron un film de propaganda
contra el jazz titulado “Alrededor de la Estatua de la Libertad” que incluyó a
músicos negros. Al año siguiente se prohibieron todos los discos de
naciones enemigas, incluyendo obviamente al jazz de los Estados Unidos.
La actitud dual
-despreciativa y manipulativa- del Tercer Reich hacia la comunidad negra se
cristalizó durante los JUEGOS OLÍMPICOS DE 1936 EN BERLÍN. El
Comité Olímpico Internacional había concedido a Alemania el privilegio de ser
anfitrión del máximo encuentro deportivo mundial en 1931, dos años antes del
ascenso del nazismo al poder. Desde entonces, y especialmente a partir de 1935
luego de la adopción de
las leyes de Núremberg, agrupaciones judías, afro-americanas, progresistas y
sindicatos se manifestaron en contra de la celebración de las olimpíadas en
Berlín y pidieron por un boicot. Pero el COI descartó esos llamamientos e
incluso varios deportistas negros y judíos decidieron participar en los juegos.
Destacados deportistas afro-americanos como Jesse Owens, Ralph Metcalfe y
Eulace Peacock defendieron la idea de asistir a Berlín sobre la base de que su
triunfo serviría para socavar las teorías raciales de los nazis. Los nazis
consideraban a los negros como seres intelectualmente inferiores pero al mismo
tiempo físicamente fuertes en función de la condición animalesca que les
atribuían. Atento a la sensibilidad internacional, en agosto de 1936 el
Ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbles, instruyó a la prensa alemana
a abstenerse de difamar a los deportistas negros: “El punto de vista racial no
debiera ser usado de modo alguno al informar sobre los resultados deportivos;
por sobre todo no se debe reportar de manera insensible sobre los negros”.
Goebbels aludía a los participantes afro-americanos pues no había afro-alemanes
que fuesen miembros de equipos alemanes en los juegos. (Aunque sí hubo un
peso-pesado negro, Louis Brody-Alcolson, que integró el equipo nacional de
boxeadores alemanes). Estados Unidos envió a dieciocho deportistas negros en su
representación a las olimpíadas nazis y seis de ellos obtuvieron medallas de
oro, plata y bronce. Famosamente, Hitler rehusó saludarlos conforme el
protocolo demandaba. Extrañamente, el más condecorado entre ellos, el corredor JESSE
OWENS, dijo posteriormente: “Yo creo que Hitler es
un hombre noble”.
Ese mismo año aconteció otro
hecho que puso a las cuestiones raciales en el tapete del debate internacional.
En junio de 1936 tuvo lugar en el Yankee Stadium una pelea entre el
afro-americano Joe Louis y el alemán MAX SCHMELING.
Este último representaba al estado nacional-socialista a nivel mundial. En la
guerra sería paracaidista del ejército alemán pero no se había afiliado al
Partido Nazi y tuvo un manager judío durante toda su carrera. Cuando Schmeling
noqueó a Louis la prensa nazi exultó orgullo ario. “La victoria de Schmeling no
fue sólo deporte. Fue un asunto de prestigio para nuestra raza” afirmó el
semanario Das Schwarze Korps. “El negro es de naturaleza esclava”, redactó Der
Welktkampf, “[Schmeling] contuvo la arrogancia del negro y claramente probó la
superioridad de la inteligencia blanca”. Goebbles inmortalizó el resultado en
una película masivamente divulgada con el título “Max Schmeling´s Sieg-Ein
Deutscher”. Dos años más tarde, en 1938, hubo un rematch y Louis derrotó a
Schmeling en apenas dos minutos del primer round. En esta oportunidad, los
nazis silenciaron a su prensa.
MIEMBROS DE LA COMUNIDAD
NEGRA formaron parte de la resistencia anti-nazi.
Johnny Voste luchó contra los nazis en Holanda y Bélgica, fue capturado y
enviado a Dachau en 1942. Joseph Bile debió exiliarse y activó contra Alemania
desde el extranjero. Hilarius Gilges se unió a la juventud comunista alemana y
militó contra el nazismo hasta que fue arrestado y asesinado en Düsseldorf.
Johnny Nicholas fue un espía de la resistencia francesa encargado de hallar a
pilotos ingleses derribados en Francia. Una amante despechada lo delató a la
Gestapo. Murió en 1945 por las varias heridas sufridas durante su cautiverio.
JOSEPHINE BAKER fue
la más prominente espía francesa negra de entonces. Dotada cantante conversa al
judaísmo al casarse con Jean Lion, fue reclutada por el servicio secreto
francés y pasó valiosa información sobre las tropas alemanas. Su trabajo
clandestino la llevó de Francia a Portugal, Marruecos, Argelia, España, Egipto,
Siria, Palestina, el Líbano y Sudamérica.
LA CONTRACARA de este heroísmo se corporizó en algunas
personalidades afro que simpatizaron con el nazismo. Werner Egiomue fue un
afro-alemán miembro de la Juventud Hitleriana y del ejército que dijo verse a
sí mismo como un “pequeño führer” y durante una entrevista confesó haber estado
“entre quienes movía mi esvástica durante el desfile por el cumpleaños del Führer
en Berlín en 1936”. WILLIAM
MARCUS BAARN
fue posiblemente el único espía negro en las filas nazis. Fue apresado en
Brasil en 1943. En los Estados Unidos, durante la década de 1930 el agitador
Sufi Abdul Hamid, apodado el “Hitler negro”, ganó fama con sus exhortaciones
para “hacer la guerra contra los judíos”. El diplomático y escritor Lonnie
Lawrence Dennis describió, en 1939, a Hitler como “el más grande genio político
desde Napoleón”, fue fotografiado al lado del líder nazi en una concentración
en Núremberg en 1935. En 1944 fue juzgado en los Estados Unidos bajo cargos de
sedición y afinidades filo-nazis. Cuando murió en 1977 la revista Life lo
describió como “el intelectual fascista No. 1” de América. Y está también el
caso del célebre politólogo W. E. B. du Bois quién fue invitado a Alemania en
1936 en un tour de promoción del estado nazi y al regresar fue criticado por
intentar limpiar la imagen del Reich.
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